No me puedo quitar de encima esta angustia que me provoca ver a familia palestinas mendigando dinero en redes sociales para poder escapar del infierno que están viviendo y que la respuesta sea silencio. Hay que decir las cosas, las personas que estamos ayudando claramente no somos suficientes porque si todas las personas que dan like a esos videos para sentirse menos culpables de la apatía total que sienten hacia el genocidio que están presenciando en vivo; las personas conseguirían sus metas de usos de audio en un santiamén. Pero no, usualmente no pasan ni de los 300 usos y las donaciones avanzan lento lento, con contribuciones de personas que genuinamente se desviven por dar la más que puedan.
Desde que comenzó todo no me puedo quitar de encima la idea de que si yo fuera millonaria o tuviera una facción del dinero que tienen los famosos gringos y demás, pagaría de tajo donaciones enteras de familias para que puedan salir de ahí. La propaganda de películas sobre el holocausto y la segunda guerra mundial genuinamente dejaron en mi esta necesidad de acción y de no quedarme pasmada simplemente viendo como se atenta de manera tan cruel y deshumanizante contra la vida de alguien. Pero a la hora de la hora estoy en mi casa, sin poder intervenir de ninguna manera ni contra el ilegitimo estado de Israhell, ni contra la gentrificación que desplaza a los locales de mis tierras, ni contra los juvenicidios del crimen organizado.
Y creo que este escalamiento de eventos canónicos por el que estamos atravesando como humanidad no va a parar, apenas está comenzando. La tierra se agita porque ya siente el cambio. Creo que van a haber nuevas revoluciones, tanto tangibles como intangibles, y se nos va a dar una oportunidad para finalmente restructurar este sistema todo jodido que se alimenta de la vida de la otredad, de las personas marginalizadas que no encajan con el estatus quo de occidente; la blanquitud, el colono, las élites que llevan al mando más de quinientos años.
No hay mejor momento para recordar entonces la rabia digna. En vez de permitir que la rabia y la impotencia se internalicen para convertirse en veneno, hay que sacarla. Transformarla en el motor para contribuir a un mundo mejor. No requiere de actos extraordinarios, sino de simples pero poderosas acciones como la reflexión, la comunidad, la enseñanza, la empatía.
Por mi parte, creo que la ficción es una increíble y muy importante puerta para dar mensajes poderosos que hagan al otro cuestionar las estructuras del sistema, las desigualdades, lo que hay detrás de lo que se deja ver a simple vista.